“Washington llevó á cabo su tarea de creación. Lincoln llevará á cabo la suya de perfección. Ambas requerían patriotismo, espíritu de libertad y hombría de bien á toda prueba. La Providencia, que había decretado el establecimiento y la perfección del gobierno libre republicano en el suelo privilegiado de América, se hubo de crear los instrumentos para aquella obra revolucionaria: Jorge Washington—Jorge el Bueno—fué encargado de echar sus cimientos. Abraham Lincoln—Abraham el Honesto—tiene la gloriosa misión de completar la cúspide del gran monumento de la libertad moderna.

“En este monumento ha tenido fija la vista, por espacio de más de medio siglo, la Europa retrógrada.

“La pujanza y el engrandecimiento de la República democrática de los Estados Unidos han sido un mentís continuo á los asertos con que los monarcas de derecho divino pretendían presentar como imposible en la práctica el gobierno de los pueblos.

“La constante manía de la Europa retrógrada ha sido, durante cincuenta años, la destrucción de la República de los Estados Unidos de América.

“Por esto no ha cesado un punto de calumniar. Por esto ha tratado por todos los medios posibles—sin desechar los más bajos y deshonrosos—de desvirtuar su prestigio. Por esto su principal mira ha sido la de presentar odioso á los pueblos de la América del Sur y de la América Central el gobierno de los Estados Unidos.

“Por esto ha patrocinado y pagado en este país varios periódicos y un enjambre de mercenarios corresponsales, cuya misión exclusiva ha sido la de desfigurar la verdad, y la de inventar hechos y anécdotas, cuya lectura pudiese hacer concebir á los pueblos de las demás repúblicas de este Continente la idea de que el pueblo de los Estados Unidos era un pueblo de salvajes, sin virtudes cívicas, sin maneras sociales, sin conciencia moral, sin base alguna de vida estable, ni de prolongada existencia posible como nación.

“Temerosos los gobiernos de la Europa monárquica occidental de que la grandeza de los Estados Unidos pudiese alentar á las demás repúblicas americanas en su propósito de no dejarse subyugar otra vez por sus antiguos colonizadores, y, por otra parte, ávidos de restablecer en todas ellas su antiguo y ominoso coloniaje, han tratado de erigir una valla entre la gran República, ya próspera y potente, y las demás que, comparativamente hablando, son aún débiles, ó, por lo menos, no han tenido bastantes años de existencia para robustecerse y desafiar con sus solas fuerzas la ambición del filibusterismo británico, francés y español.

“Fenómeno digno de observación es el que han presentado en el último medio siglo aquellas tres potencias, ambicionando un mismo objeto, cada una para su propio provecho, con exclusión de las demás, y, sin embargo, de perfecto acuerdo en el empleo de los medios que para su objeto adoptaban.

“Inglaterra, Francia y España han estado deseando sin cesar la reconquista de la América Central y Meridional. Ninguna de ellas la quería sino para sí. Todas ellas habían de ver con disgusto las conquistas que las otras hiciesen en este continente. Pero, con la esperanza de coger para sí el fruto cuando estuviese maduro, todas han trabajado de mancomún para madurarlo.

“Así es como los intereses políticos de aquellas tres naciones (entre sí diametralmente opuestos) se han convertido en interés común, cuando se ha querido facilitar el robo de los pueblos americanos.