“El interés teocrático ha agregado á la maquinación de aquellas tres coronas el auxiliar poderosísimo del papismo y de la retrógrada ambición clerical.

“Y, ¡cosa extraña!, hemos visto en los últimos veinte años á Pío IX—el papa (masculino) de los católicos romanos—y á la reina Victoria—la papa (femenina) de los protestantes anglicanos—darse la mano, á pesar de su antipodismo espiritual, cuando se ha tratado de vilipendiar la República de los Estados Unidos y de preparar en la América del Sur terreno para la reconquista europea y para la muerte de la libertad democrática.

“La papa anglicana ha mantenido á sus satélites diseminados por toda la América Central y Meridional, sin otra misión que la de sembrar calumnias contra los Estados Unidos y presentar odioso el nombre de yankee. El clero del papa romano ha sido igualmente celoso en la misma misión.

“Supongo—aunque no me consta—que habrá algunas honrosas excepciones de respetables eclesiásticos amigos de la justicia[4]; pues es un hecho innegable que la generalidad del clero católico en las repúblicas meridionales de América se ha mostrado incansable en denigrar á los Estados Unidos y en presentar á los ‘americanos del Norte’ como herejes, enemigos de Dios y combustible infalible para el fuego en que han de arder eternamente los que no creen ó no observan lo que nos manda la Santa Madre Iglesia.

“En eso de crear un odio profundo contra los yankees en las masas del pueblo americano meridional han estado de plenísimo acuerdo el papa que se llama ‘ortodoxo’ en Roma y la papa que se llama ‘ortodoxa’ en Inglaterra. Ante este común propósito ha desaparecido su irreconciliable antagonismo.

“En los antagonismos políticos entre Inglaterra, Francia y España se ha hecho notar la misma desaparición fenomenal cuando se ha tratado de lanzar de común acuerdo un anatema contra los Estados Unidos.

“Francia y la Gran Bretaña se detestan cordialmente.

“España aborrece de muerte á Inglaterra. Inglaterra mira con el más altanero menosprecio á España. La escarnece desde Gibraltar. La insidia desde Portugal. La envidia en Cuba. La mortifica en su trata africana. Las dos naciones se abominan recíprocamente.

“Entre la Corte de Versalles y la de El Escorial existe el mismo afecto sincero que ha existido siempre desde Francisco I y Carlos V. Una corte que ambiciona y ejerce la tutela y otra que por temor se somete á su dictado no pueden mantener entre sí más afectos que los que engendran por una parte el desprecio y por otra el odio, la humillación y el deseo de venganza.

“En el Estrecho de Gibraltar las tres naciones (desde Gibraltar, desde Ceuta y desde Argel) se contemplan una á otra con el odio más sincero, y todas ellas están acechando el momento de la decadencia de sus rivales para poder exclamar con vengativo júbilo: ‘¡Por fin el Mediterráneo es mío!’.