“Y casi en todos los demás ángulos del mundo hay algún punto en que Francia é Inglaterra se odian como rivales.

“Ni pueden perdonar á España su antigua gloria en el continente americano, por lo cual vieran ambas con disgusto que en él volviese á sentar la planta la que una vez fué de él arrojada con merecida ignominia.

“Las tres codician colonias en América; pero las codician para sí. No las quieren para sus dos rivales.

“Se detestan en la Europa Occidental; pero no se odian menos cordialmente en la América del Mediodía.

“Á más de los aquí citados, tienen cien y cien otros motivos de inveterado y esencial antagonismo. Sin embargo, aunque su política trasatlántica se propone un objeto final tan distinto para cada una de ellas, admirable es la armonía que ha reinado entre las tres durante veincinco ó treinta años, cuando se ha tratado de calumniar á los Estados Unidos ante los pueblos de las otras repúblicas de América.

“La propaganda española y francesa contra todo lo que es yankee, en el continente meridional americano no ha sido menos activa, menos celosa que la propaganda británica y la propaganda clerical.

“Los emisarios de la reina Victoria y de lord Derby; los emisarios de Napoleón III y de Drouyn de Lhuys; los emisarios de Isabel II y de Concha, y los clérigos de Pío IX y de Antonelli, todos ellos movidos por distinto objeto final, han adoptado un medio idéntico, y con idéntico celo han trabajado en él.

“Este medio ha sido engañar á los pueblos meridionales de este continente, haciéndoles creer que la República de los Estados Unidos tenía infaliblemente que desmoronarse y reducirse á la impotencia; que su gobierno era una utopía imposible, y que su pueblo era un pueblo vándalo, sin ley y sin Dios, desprovisto de toda civilización, inmoral, ateo, salvaje, ominoso, aborrecible.

“Esta obra de falsedad no ha sido tarea de un día. Hace veinticinco años que se fundó en Nueva York el Courrier des Etats Unis; hace quince años que existe la Crónica de Nueva York. No menos fecha cuentan el Correo de Ultramar y el Eco Hispano-Americano. Durante diez y seis años continuos el Diario de la Marina, de la Habana, ha dedicado con incansable perseverancia cuatro ó cinco columnas cada veinticuatro horas á la inserción de artículos de fondo ó de cartas de sus corresponsales de Nueva York, en que á más de los defectos reales de los Estados Unidos se han inventado embustes sin cuento, para poner injustamente en ridículo sus pretendidas costumbres, sus pretendidas leyes, su pretendida política y su pretendida historia.

“Los falsos asertos de todos esos periódicos y corresponsales, devotos á la oposición sistemática de cuanto es ‘americano’, y desnudos de toda conciencia siempre que se ofrece oportunidad de propalar calumnias contra la República de los Estados Unidos, se han diseminado con pródiga asiduidad por todas las demás repúblicas del Continente, todo con el santo objeto de que éstas concibiesen odiosidad contra la mayor de sus hermanas, y lejos de confiar en ella para ayuda y de imitarla como modelo, se enemistasen con su gobierno, despreciasen á su pueblo, y antes que apelar para consejo ó para socorro á los Estados Unidos, se entregasen ciegamente á la tutela y dirección de los desinteresados ministros y de los cónsules inmaculados de España, de Francia y de la Gran Bretaña.