Esos medios abundan y esa voluntad sobra cuando existe el self-government; y el Estado no poderoso, el gobierno limitado, un presidente temporal, sin más facultades que las necesarias para representar el principio del derecho, es bastante para dar unidad á los medios y á la voluntad, para asombrar al mundo con la fuerza titánica de los pueblos, para sacar de la mediocridad un Washington, un Lincoln, y de las filas populares un Grant, un McClellan, un Sherman, un Sheridan, un Bolívar, un San Martín, un Sucre, que en virtudes y en genio obscurecen á los Césares, á los Napoleones, á todos los héroes de la fuerza despótica, á todas las celebridades de los grandes imperios.
Á nuestro turno repetiremos también con Eœtvœs y Laboulaye, pero no en el sentido de sus falsas ideas, sino en favor del sistema americano: ¿Qué es lo que se opone á esta reforma, en la cual nada tiene que perder el Estado, puesto que gana en influencia y en fuerza verdadera lo que pierde de sus prerrogativas embarazosas y peligrosas? Lo que se opone es la preocupación. Estamos imbuidos en las ideas griegas y romanas, que son las que se encuentran en el fondo de las teorías democráticas y socialistas.
Todos esos sistemas que se dicen liberales dan al pueblo una soberanía ilusoria y en realidad no hacen más que fundar el despotismo del Estado. Si se quiere que la civilización entre en su vía de progreso, si se quiere desarmar la revolución, es necesario independizar al individuo, es preciso desarrollar las libertades personales.
“Los que tienen poca fe ó poco valor nos repiten sin cesar que hoy el progreso es imposible. Se compara nuestra edad á los últimos tiempos del imperio romano, se habla de una decadencia que también salió de un exceso de civilización; el mismo apetito de goces materiales, se nos dice; la misma ausencia de principios en el individuo y en las masas; la misma bajeza delante del Poder; el mismo desprecio de todo lo que los siglos han respetado; el mismo vacío en el alma humana. Felizmente son superficiales estas vistas; hay un abismo entre las dos sociedades.
“Cuando pereció la antigua civilización su obra estaba acabada, ella había subyugado el individuo al Estado. Todos los famosos jurisconsultos, los Papinianos, los Paulos, los Ulpianos no enseñaron jamás que el ciudadano, en su cualidad de hombre, tuviese derechos que el emperador debiera respetar; esta santidad del individuo es una idea cristiana, el paganismo ni tan siquiera la sospechó[13]. Hoy esta idea hace el fondo de nuestra civilización. El dogma se ha debilitado quizás, pero los sentimientos de humanidad, la fraternidad, la igualdad, que son la esencia del cristianismo, son más vivos que jamás.
“En los últimos tiempos del imperio, la estrechez del despotismo había sofocado el amor de la Patria y de la libertad, el alma de la antigua civilización se había desvanecido. Hoy la pasión de la libertad, de la libertad civil, individual, cristiana, se aumenta y gana terreno. Al través de todas las revoluciones, bajo el nombre de igualdad, de nacionalidad, de Constitución, ¿qué buscan, qué piden los pueblos, sino libertad? Una sociedad que tiene semejantes deseos no es una sociedad que se extingue. Una civilización cae cuando le falta la idea que la hacía vivir; por el contrario, nosotros estamos en el penoso parto de una idea nueva; ella es la que perseguimos; sin que ningún estorbo nos canse, sin que ninguna miseria nos abata. No nos dejemos asustar por vanas apariencias. Un vino viejo que se altera, un vino nuevo que fermenta, están igualmente turbios; pero del uno sale la corrupción y del otro un licor generoso. Tengamos fe en el porvenir.
“La lucha es difícil, el día está tenebroso; lo que conmueve al Continente no es un combate entre dos partidos que se disputan el poder; es un combate entre dos civilizaciones. Roma y la Germania recomienzan su duelo eterno; una vez todavía la idea pagana y la idea cristiana, el despotismo y la libertad se disputan el imperio del mundo; pero por terrible que sea la prueba, el triunfo no es dudoso.
“Cuando una verdad sale á luz, cuando los ojos se vuelven hacia un astro nuevo que se levanta, el triunfo no es sino una cuestión de tiempo.
“Las pasiones envejecen y cambian, los partidos se debilitan, la verdad no perece jamás. Sin duda, en un país como la Francia, en que se ha destruido toda organización particular, en que se ha habituado al ciudadano á la tutela del Estado, en donde, por decirlo así, se ha quitado al individuo la capacidad de gobernarse á sí mismo, será necesario más de un día para cambiar un sistema viejo. El árbol que durante medio siglo se ha podado á la francesa no echará ramas libres y vigorosas en una sola noche y hará esperar largo tiempo una sombra protectora. ¿Pero qué importa? La idea hará su camino, se apoderará de los espíritus; el Estado acabará por comprender su verdadero interés, y la revolución será consumada; tan pronto como el Estado no pese sobre el ciudadano, la libertad saldrá del suelo con una prodigiosa energía”.
Pero que no se engañen los que así esperan en la envejecida Europa; el combate no será entre las dos civilizaciones; la idea pagana no desaparecerá en presencia de la idea cristiana mientras los liberales busquen allí el triunfo del derecho á la sombra de la monarquía, que no vive ni puede vivir sino del poder absoluto y bajo el amparo de las ideas griegas y romanas.