Y allí da el cielo deliciosas frutas,

Y encierran minas las silvestres grutas.

Allí, bajo aquel cielo transparente

Donde vieron su Edén los Africanos,

Hállase aún en ideal viviente

La mujer de contornos sobrehumanos,

De ojos de luz y corazón ardiente,

De enano pie y anacaradas manos,

Cuya generación guardarán solas

Las árabes provincias españolas.