Fantástica mansión de las venturas,

Cuya mirada el iris ilumina,

Cuyo aliento desparce esencias puras,

Cuyo seno y espalda alabastrina,

Velando mal sus mágicos hechizos,

Negros circundan y flotantes rizos.

Vense del cerro aquel gigantes cimas

Que eternas cubren seculares nieves,

Donde por grietas mil sus hondas simas

Ríos destilan en arroyos breves: