Eleve, sí, tu inspiración cristiana

Y dignas sean de la patria mía.

Enaltece mi ingenio, porque ufana

Pueda hijo suyo apellidarme un día,

Y de mi nombre, si al olvido vence,

La tierra en que nací no se avergüence.

Mas dejemos al siglo ir desbocado

De los pasados siglos tras la herencia,

En el carro del oro arrellanado,

Ó suspendido en alas de la ciencia.