Dejémosle seguir la ley del hado

Según su voluntad ó su conciencia,

Sin que perturbe su insensata orgía

El himno audaz de la creencia mía.

Tiéndeme, pues, tu alas de zafiros,

Y lejos de él transpórteme tu vuelo

Donde sus carcajadas y suspiros

No desgarren del aire el puro velo.

De él á través con luminosos giros

Álzame adonde, con eterno hielo