De un ángel (y la aureola de belleza
De una visión que en sueños se divisa
Circundaba su faz), y en el sonoro
Idioma de los Árabes le dijo:
«Amir, tú eres mi dueño y yo te adoro.
Te dije la verdad: mas es tu hijo.»
Agolpóse la sangre á la mejilla
Del Rey á estas palabras, y con rabia
Concentrada exclamó: «No es hijo mío
Quien favor contra mí pide á Castilla.