Ríndete: yo soy el Rey.»

No pudo Arias de cansancio

Contestar. «Quienquier que fueres

(Añadió el Rey), valiente eres:

Ríndete á mí y salvo irás.»

Arias, ronco de fatiga,

Pero con alma serena,

Dijo: «Muerto, enhorabuena:

Pero rendido, jamás.»

«Cristiano, repuso el Moro,