De cuándo en cuándo, ráfaga ligera.

Tras ella Abú Abdilá sobre su hombro

El noble rostro juvenil tendía,

Como su madre oyendo con asombro

La confusa y extraña vocería

Que, en las tinieblas de la noche, el viento

Con eco sordo resonar hacía

Bajo el techo del cóncavo aposento.

—«¡Oyes, hijo Abdilá! con ansia dijo

La sultana.—Sí, madre, y no comprendo.....