Dijo: «¡El wazir!» Para la audaz Sultana

Fué cosa nada más que de un momento

En el pecho ocultar la carta abierta,

La flecha devolver por la ventana,

Y serena quedar sobre su asiento.

Al punto mismo Abú-l'Kazín, ministro

De las venganzas de Muley, entraba

El nocturno registro

Á hacer que en el salón acostumbraba,

Desque la torre de Comares era