De tu padre á la vuelta, aquí te espera,

Y abajo espera quien salvarte debe.

No el Cielo señaló tu real cabeza

Para ceñir una corona en vano;

Tu destino de Rey he aquí que empieza;

Cumple, pues, tu destino soberano.»

Dijo y le dió la carta, que decía:

«Vuelve tu esposo vencedor, Sultana,

»Y la guadaña de la muerte impía

»Su mano trae; no aguardes á mañana: