Su voz, de la que dió naturaleza

Al ruiseñor un tanto desdecía

De cerca oída: pero al libre viento

Era bien fácil confundir su acento.

Ató Aija á Abú Abdil por la cintura

La punta de los lienzos anudados,

De su firmeza y solidez segura;

Los brazos un momento entrelazados

Tuvieron madre é hijo con ternura

Cordial: los labios trémulos, rasados