Á cuantos lean el divino cuento.

Nació Al-hamar y sonrió el destino

Contemplándole amigo: la fortuna,

Fijando un punto su inconstancia, vino

Amorosa á mecer su blanda cuna:

Y, el curso de su carro diamantino

Parando en el zenit, la casta luna

Tendió desde él con maternal cariño

Tierna mirada sobre el regio niño.