Sentábanse á danzar en la ribera

La alegre Zambra, y la Jeíz ligera.

Tal fué la tribu y las mansiones tales

Que á una margen del Darro se extendían,

Mirándose en sus líquidos cristales

Á cuyo són los dueños se adormían:

Y tan gratas sus casas orientales

Eran, tal el contento en que vivían,

Que con justicia los que en él moraron

El barrio del deleite le llamaron.