Yerta, en silencio y soledad quedaba,

Y al lejos la ciudad se distinguía

Sólo ya por la luz de sus ventanas.

Era una noche fría y tenebrosa:

Crecía el viento y, de la luna falta,

La bóveda del cielo parecía

Con fúnebres crespones enlutada.

Era una de esas noches en las cuales

La voz del miedo al corazón nos habla y

Y de infantil superstición al soplo