Oyósele después, y de la daga

Con el pomo dos golpes dió en la puerta,

Secos, iguales, firmes: no temblaba.

El corazón que daba á aquella mano

Tan sereno vigor latía en calma,

Y el hombre que llamaba á aquella torre

Resuelto en ella á penetrar llegaba.

Si á su secreto huésped conocía,

Su relación con él era harto franca;

Si la creía habitación de espíritus,