De una ilusión quimérica, á unos sitios

Cuyos sucesos conocer te importa.

—Déjame, exclamó Hasán como luchando

Con alguna impresión vertiginosa.

—Obedece, mortal, exclamó el sabio

Con elevada voz dominadora.

Magnetizado Hasán desde este punto,

Obedeció á su voz como un autómata:

—«Siéntate,» dijo, y se sentó: «contempla

El agua de esa fuente.» Y en sus ondas