Dulce el placer, ó descuidado el sueño.

El sol, apareciendo de repente

Tras de las cumbres de la helada sierra,

Derramó su esplendor sobre la tierra,

Y un rayo de su luz hirió el luciente

Casco de la armadura en que se encierra

El hombre que en la torre al pie del muro

Yace, su oculta faz dando al Oriente.

Su calor ó su luz, si es que dormía,

Le desvelaron: si aguardaba su hora,