Piedra cogiendo entre sus brazos, corre,

Y con cuanto vigor halló en su pecho

Lanzándola en impulso bien medido

Contra el postigo de madera estrecho,

Le descuajó del quicio carcomido.

Cayó dentro la hoja levantando

Una nube de polvo, revocada

Por su hueco en espesa bocanada:

Al temeroso ruido, despertando

El negro que esperaba en la alhameda,