Que deslumbraba), y dándole el nativo

Nombre gritóle:—«¡Zil, pronto, á caballo!»

Y montando de un salto, á toda brida

Lanzó su yegua. Zil, como él activo,

Sacó en escape volador tendida

La suya de él en pos, y esclavo y dueño

Se hundieron de su rápida corrida

Entre el polvo, cual sombras de un ensueño.

V