Defiéndenle no más soledad santa
Y quietud misteriosa, y bien ajenas
De apariencia marcial, siempre cerradas
Sus celosías con primor caladas.
Tal vez despide al despuntar el día
En espirales mil humo de aromas
Cual pebete oriental su celosía:
Tal vez los ecos de las verdes lomas
Despierta por la noche la harmonía
De los cantos que exhala, y las palomas