Y aves, á quienes place su murmullo,

La aduermen con sus trinos y su arrullo.

Es esta torrecilla solitaria

Un sagrado alminar, y su clausura

Destinada no más á la plegaria

De la mañana, goza el aura pura

Del valle y la extensión y vista varia

De la vega feraz desde su altura.

Es el mirab del Rey do sólo él ora,

Y tal vez la mujer que le enamora.