Ya del alba temprana en el reposo,
Ya de la noche en la apacible calma:
Y el Moro y el Judío y el Cristiano
Ten desde allí del Criador la mano.
¡Quién no te cree, Señor, quién no te adora
Cuando, á la luz del sol en que amaneces,
Ve esta rica ciudad de raza mora
Salir de entre los lóbregos dobleces
De la nocturna sombra, y á la aurora
Abriendo sus moriscos ajimeces