Ostentar á tus pies lozana y pura,

Perfumada y radiante su hermosura!

Yo te adoro, Señor, cuando la admiro

Dormida en el tapiz de su ancha vega;

Yo te adoro, Señor, cuando respiro

Su aura salubre que entre flores juega:

Yo te adoro, Señor, desde el retiro

De esta torre oriental que el Dauro riega;

Y aquí tu omnipotencia revelada,

Yo te adoro, Señor, sobre Granada.