Comenzó á derramar. Zoraya un punto

Permaneció en silencio contemplándola:

Empero en la impaciencia que la agita,

En la rabia tal vez que la devora

El vengativo corazón, ajena

Á toda compasión, díjola:—«Vete:

Para nada me sirves. Dí al primero

Que halles en esa cámara que venga

Á divertirme: un guardia, algún esclavo

Cuya cabeza al menos me responda