Contemplaba que sólo conseguía
Abrir á sus valientes sepultura
De aquellos precipicios en la hondura.
La encanecida barba se mesaba
El iracundo Rey, y de la empresa
No desistir en su furor juraba
Hasta cobrar la codiciada presa:
Correos tras correos despachaba
Máquinas de batir á toda priesa
Demandando, y tenaz en tal intento