Al revolver el áspero sendero,
De la luna á la lumbre mortecina
Vió correr hacia él un caballero.
Era un doncel de raza granadina
Que, ante él parando el fatigado overo,
Dijo con voz por la carrera ahogada:
—«Tente, Señor: no vuelvas á Granada.»
—«¿Por qué?»—dijo Muley.—«Porque ya llegas
Tarde: de ella Abdilá se ha apoderado.»
—«¿Y mi Wazir Abú-l'Kasín-Ben-Egas?»