Su ley fatal á obedecer me avengo.
—Aún te resta, señor, una esperanza.
—¿Cuál?—La mejor de todas: la venganza.
—Tienes razón. ¿Podemos todavía
En el alcázar penetrar?—Acaso:
Si te ayuda tu intrépida osadía,
Yo puedo abrirte hasta la Alhambra paso
En las tinieblas de la noche.—Guía:
Y si á ella subo, como frágil vaso
Quebrantaré de Aixa y de su hijo