De sala en sala retumbó á deshora,

Y el joven Rey, de sus estancias dueño,

Al eco de aquel ¡ay! rompió su sueño.

Oyólo al par la varonil Sultana

Su madre, y fuera del suntuoso lecho

Lanzándose veloz, á la ventana

Escuchó atentamente largo trecho.

Sus sentidos sutiles de Africana

Y el velador instinto de su pecho

La revelaron el terrible arcano