Envidioso está el mundo: bien el Moro
Dijo al decir que la mansión divina
Está sobre tu tierra peregrina.
Tras el cendal da tu estrellado cielo
Se ve la faz de Dios que centellea;
No hay quien detrás de tu flotante velo
La omnipotencia de su Sér no vea;
No hay quien escrita en tu fecundo suelo
La realidad de su poder no lea;
No hay quien contemple tu nocturna calma