Distinto, débil exhaló un suspiro.

Llamó de Aixa la atención el eco

De aquella exhalación enamorada,

Y del balcón dejando el fondo hueco

Fijó en Moraima su glacial mirada;

Y con el tono desabrido y seco

De su voz, á mandar acostumbrada,

La dijo: «Afrenta de las Reinas moras,

Espíritu cobarde, ¿por qué lloras?»

No lloraba Moraima todavía,