Mas tan duras palabras la preñaron
De lágrimas los ojos. Muda, fría,
Aixa las vió cuando á la faz brotaron
De la débil mujer que las vertía.
Las vió, mas conmoverla no lograron,
Y con regio desdén, á paso lento
Comenzó á atravesar el aposento.
Mas al llegar del arco á los umbrales,
De la alberca en el patio embaldosado
Anunciaron los roncos atabales