»Yo bendigo la obra de tus manos.»

Dijo el Señor. El ángel desterrado,

Recobrando su gracia primitiva,

Levantóse á su voz transfigurado,

Revestido de gloria y de luz viva.

Orna su cuerpo ceñidor alado,

Ciñe su sien inmarcesible oliva,

Y de la fe la luminosa tea

En su diestra purísima flamea.

Un séquito de espíritus potente,