—¡Antes cristiana lanza me taladre!»

Dijo el mancebo rebosando enojos,

Y un rayo de rencor brilló en sus ojos.

Entonces la Sultana:—«En paz os dejo:

(Añadió con voz grave) despedíos

Á solas, pero ved que no me alejo;

No me le quites con tu amor los bríos

Que necesita.» Y, torvo el entrecejo,

Se sumió en los tortuosos y sombríos

Corredores, dejándoles á solas