Su figura real emborronaron.
La poesía, empero, cuyos ojos
Escudriñan sagaces lo pasado,
Y en dondequiera que lo encuentra admira
Lo bello y lo infeliz, con entusiasmo
Alumbra su semblante obscurecido,
Y, sus forzadas formas restaurando,
Su noble y melancólica figura
Dibuja con contornos más exactos.
No es la de un grande Rey que el fatalismo