Transponiendo y los límites del cielo:
Y de la eternidad en el horario
Brillando el fatal número, hacia el suelo
Moro, dijo, la mano nacarada
Extendiendo Azäel: «¡Ay de Granada!»
¡Ay! repitió en el cóncavo y profundo
Seno del monte aterrador el eco;
¡Ay! repitió siniestro el vagabundo
Viento que rueda en el vacío hueco;
¡Ay! repitió el nublado, en tremebundo