Corre á sus pies el oro y el ganado.

De Montilla y la Rambla las moradas

Son humo nada más, y el viento vano

Se lleva sus cenizas, de sus dueños

Sin tumba los cadáveres dejando.

¡Allí van! ¡allí van! Como un torrente

Bajan de las montañas, y su rastro

Siguen manadas de voraces lobos,

Y los buitres sobre ellos van volando.

Allí van: ya las torres de Lucena