Para lidiar mejor, dijo el anciano

Aly-Athár á Bu-Abdil: duerme tranquilo

Y deja lo demás á mi cuidado.»

Entró Abdilá en su tienda, y apagadas

Las luces que pudieran delatarlos,

Sumidos en silencio y en tinieblas

Los emboscados Árabes quedaron.

Del valle á la salida, en una altura,

Un hombre se apostó tras un peñasco,

Mudo y quieto como él permaneciendo: