Era Aly-Athár que vigilaba el campo.
Mas ¿cuyos son los ojos que penetran
De la mente de Dios el denso cäos?
¿Cuya la inteligencia que sorprende
De sus hondos designios el arcano?
Mientras el viejo vigilante guarda
El campamento moro, confiando
En la tranquilidad del enemigo
Su empresa audaz para llevar á cabo,
En el confín del horizonte obscuro,