Aly-Athár, ó lo hubiera imaginado,
Si su clara y sagaz inteligencia
No obscureciera Dios para estorbárselo:
Mas no vió más que lo que ver podía;
Y viendo el día á clarëar cercano,
Dejó su puesto y de Abdilá en la tienda
Entró, diciendo respetuoso: «Vamos:
Levántate, Señor: ya está la aurora
Próxima, está el camino solitario,
Y es fuerza que á las puertas de Lucena