III

Llora, esposa infeliz: tu amor es ido

Para más no volver; preso en Lucena

Se dejará su corazón tu esposo,

Y volverá sin alma cuando vuelva.

Sultana de las flores de Granada,

Llora; porque en verdad ya no te queda

Más consuelo que el llanto que derrames

En los amargos días que te esperan.

Arranca, pues, tristísima Moraima,