Cruzó las intrincadas callejuelas

Del arrabal y entró por Bib-Elvira,

Por el vigía al conocerle abierta.

«Vamos á recibirle»,—exclamó Aixa.

«Vamos», dijo Moraima: y, la escalera

Tomando de la torre, las Sultanas

Bajaron de la Alhambra hasta la puerta.

Un momento después, bajo del arco

De la justicia, la rendida yegua

Del caballero moro desplomóse