Ante los pies de su jinete muerta.
Era el bizarro Cid-Kaleb, amigo
De Abú-Abdil, quien respirando apenas
Dobló ante las Sultanas la rodilla,
Mas sin poder hablar. En su impaciencia
Hirió Aixa el suelo con la planta y dijo:
«Habla: ¿qué es de Bu-Abdil?—Hacia la tierra
Cristiana con la mano señalando,
Respondió Cid-Kaleb:—¡Allá se queda!
—¿Muerto?—Cautivo.—¿Y Aly-Athár?—Sin vida,