Su cuerpo el agua del Genil se lleva.
¡Cayó sobre los Árabes el cielo
Y yacen sin sepulcro en tierra ajena!»
Lanzó un grito Moraima, íntimo, agudo,
Honda expresión de su profunda pena,
Y cayó sin aliento entre los brazos
De Aixa, que la abrazó por vez primera.
Lívida, silenciosa, sosteniendo
Á la infeliz Moraima con la fuerza
Nerviosa del dolor, quedó Aixa un punto