Estaban, mas la tierra está tranquila
Y no han hecho señal las atalayas.
No tienen, pues, socorro, y con un sitio
De un solo día se darán.» Oyóse
Á cejar. Una niebla blanquecina
Traída por un viento de Occidente
Enlutaba la atmósfera, impidiendo
Ver á largas distancias. Los peones
Que custodiaban el botín, mirándonos