Que ceden á la suerte, mas no huyamos

Como cobardes que la muerte temen.»

Y metiendo al caballo las espuelas,

Cargó sobre los perros Nazarenos

Que nos seguían: á ampararle todos

Nos lanzamos tras él, y los cristianos,

Desordenados al tremendo empuje

De los caballos árabes, nos dieron

Tiempo para ganar las angosturas

Donde en estrechas sendas imposible