Nuestros caballos á sacarnos iban

Nadando vigorosos, cuando vimos

Con ira y con terror que, á la ribera

Bajando en rigurosa disciplina,

Salía á recibirnos en sus lanzas

Otro escuadrón cristiano, como un muro

De hierro levantado en el camino.

Su jefe, el gigantesco Don Alonso

De Aguilar, á su frente sonreía

Mirándonos salir de entre las aguas