Con placer infernal; yo le había visto
En mi cautividad y le tenía
Bien presente. Dió el grito de ¡Santiago!
Y aquel muro de hierro se nos vino
Como un témpano encima. La pelea
Fué horrenda. Con el agua á la cintura
Los más, mucha la ira, el suelo escaso,
Vinimos á las manos arrojando
Las inútiles lanzas y acudimos
Á los alfanjes y puñales; rojas